V Bliss,
Mi nombre es Lucía y trabajo en una pequeña heladería de mi ciudad. Hace unas semanas, viví una experiencia que aún me tiene emocionada y con mariposas en el estómago.
Todo comenzó una tarde de verano, cuando entró a la heladería un hombre alto y atractivo. Tenía unos ojos verdes cautivadores y una sonrisa que parecía iluminar todo a su alrededor. Cuando se acercó al mostrador, nuestras miradas se cruzaron y sentí como si una descarga eléctrica recorriera todo mi cuerpo.
Traté de mantener la compostura mientras le atendía, pero era casi imposible. Cada vez que nuestras manos se rozaban al entregarle su helado, sentía que me temblaban las piernas. Había algo en él que me atraía de una manera inexplicable.
Ese hombre, que más tarde supe que se llamaba Marcos, volvió a la heladería al día siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente. Poco a poco, fuimos entablando una conversación cada vez más fluida y personal. Descubrí que era un abogado recién graduado, apasionado por su trabajo y con un gran sentido del humor.
Conforme pasaban los días, la tensión entre nosotros iba creciendo. Nuestras miradas se buscaban constantemente y podía sentir la atracción que nos unía. Finalmente, un día en que la heladería estaba casi vacía, Marcos se acercó al mostrador y me susurró al oído: «¿Tienes un momento para mí?».
Sin pensarlo dos veces, acepté. Lo seguí hasta la pequeña bodega de la heladería, donde nos entregamos a un beso apasionado que me dejó sin aliento. Nuestras manos exploraban cada rincón, ansiosas por descubrir más. Era como si el mundo a nuestro alrededor hubiera desaparecido por completo.
Cuando por fin nos separamos, ambos teníamos las mejillas sonrojadas y la respiración agitada. Nos miramos a los ojos, conscientes de que algo había cambiado entre nosotros.
Desde entonces, Marcos y yo hemos tenido varios encuentros furtivos en la heladería, aprovechando cualquier momento en que estemos a solas. Es una relación llena de adrenalina y secretos compartidos, que nos mantiene en constante tensión.
No sé qué deparará el futuro, pero de lo que estoy segura es de que ese día en la bodega fue el comienzo de una aventura.

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